La docencia ha sido una de las tareas más profundas y transformadoras de mi trayectoria. Durante años impartí cursos de humanidades y talleres de formación humana basados en valores cristianos y éticos. Nunca enseñé solo contenidos: formé conciencias, orienté procesos personales y ayudé a construir criterios sólidos para la vida. Los espacios educativos que he guiado se convirtieron en lugares de reflexión y crecimiento para estudiantes y familias que buscaban claridad, identidad y sentido.
La docencia me enseñó que cada persona necesita una forma distinta de acompañamiento. Ese aprendizaje lo llevo a cada área de mi trabajo.